Viejas heridas, que el tiempo las cura. Cicatrizando voy, por las aceras de la locura...

Optimistas...

Y dicen por ahí...

viernes, 13 de abril de 2012

hoy

   Como de costumbre, estas dos semanas por lo menos sí, has llegado más tarde de lo que prometiste. Has llegado y de forma rápida nos  hemos metido en la camita. Puede que fueran la 1 del mediodía, pero no hay nada mejor que descansar contigo. Nos hemos tumbado en mi cama enana, y apretujados, me has repetido lo mucho que me quejo... al enfadarme has respondido rápidamente: <<...pero me gusta por que te quejas tú.>> Sin haber entendido muy claramente lo dicho, te he sonreído, te he sonreído y he repetido entre las mantas : que bien. Qué bien estoy junto a ti.
   Durante dos horitas hemos hablado, sin nada importante como tema, pero... estábamos a cinco centímetros de distancia, y con eso... con eso me vasta. Te he dado un beso, me lo has devuelto. Y ahí es cuando a empezado nuestro baile. Nuestro baile entre las sábanas. Esas ganas de ti hacen que me mueva... me mueva en busca de partes de tu cuerpo no besadas aún.
   He gritado, he gritado sí. Al terminar me has sonreído diciendo : << me encantas. >> Mientras te duchabas yo me he quedado en la camita recordando cuando todo empezó, hace ya medio año (y más) de ello, pero es curioso que con el tiempo, el sentimiento se hace más grande y fuerte. He recordado lo que te cuesta pronunciar un simple "te quiero", pero cuando lo haces, cuando lo haces sé que son reales esas palabras, y te abrazo. Te atraigo a mi.
   Al salir de la ducha he observado cada movimiento tuyo, esa chulería que tanto me gusta. Te me has acercado y me has estrechado junto a ti para mojarme con las últimas gotas de tu cabeza. Al mirar la hora, te has vestido y como si alguien te estuviera persiguiendo has corrido para que los macarrones con queso del microondas no se quedaran fríos. Me haces tanta gracia. Me haces tan feliz.
   Hemos terminado de comer, y estrechándome junto a ti, he sentido como tu corazón latía. Y me he dado cuenta de que era hora de marcharse. Lástima. Has cogido tu mochila, y con la misma chulería que has salido de la ducha, me has besado mientras pronunciabas algo. Parecían dos palabras, pero no las he llegado a oír. Es curioso. Has salido y guiñándome un ojo el aire que has tirado hacia mi ha dejado tu aroma. Tu perfume. Y he deseado de nuevo sumergirme en ese baile de sábanas calientes, sentirte dentro de mi, y hasta el final entregarme.
Te quiero.

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